La ceguera de la certidumbre


“Paradigma: Teoría cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar”

Hace mucho, mucho tiempo, en el año 1888, en un país por entonces lejano, muy lejano (ahora a pocas horas de avión), los EE.UU., a un loco visionario se le ocurrió cambiar las placas de cristal empleadas hasta el momento para la realización de fotografías por carretes de papel. Aquel hombre, de nombre George Eastman, rompió el paradigma establecido de ser la placa de cristal el único modo para poder inmortalizar el momento. Poco tiempo después, en otro alarde innovador (aunque seguramente la palabra innovación no estuviera ni inventada ni cerca de inventarse), lanzó el carrete de celuloide que terminó por emplear una protección que le permitía su extracción y colocación bajo la luz solar. Por cierto, George Eastman, fue el creador de Kodak. Como no queda demasiada información de lo ocurrido a partir de ese instante tan lejano, a mí se me ocurren varias preguntas. ¿Qué fue a partir de entonces de los habituales fotógrafos que tantas veces hemos visto en las películas del oeste cargando con su trípode? ¿Quién y cómo se encargó de incorporar al “resto de los mortales” a la moda de hacer fotografías? ¿Cuánto tardó en reaccionar la competencia, si es que reaccionó? ¿Cómo protegió George Eastman sus innovaciones; las patentó, si es que existían las patentes?

Muchos, muchos años después, el 19 de febrero de 2012, Kodak presentó su solicitud de protección de bancarrota ante los tribunales del Estado de Nueva York, a la vez que obtenía una línea de crédito de Citigroup por 950 millones de dólares por 18 meses para seguir funcionando. ¿Pero cómo es posible que el número uno mundial, la empresa que revolucionó el mundo de la fotografía, acabe en una situación de protección de bancarrota? La respuesta es sencilla. No supo ver el cambio de paradigma. Las películas tanto fotográficas como cinematográficas pasaron a la historia en muy poco tiempo desde la implantación del nuevo paradigma: la era digital. Seguro que algún alto directivo de Kodak pensó algo así como, “el hacer veinte fotos de la misma escena para luego elegir la mejor, nunca podrá reemplazar la experiencia de buscar la foto perfecta a la primera”. ¡Gran error! De todos modos no todos los pensamientos dentro de Kodak fueron en la línea del anterior, seguro, ya que Kodak vio venir el cambio de paradigma aunque no supiera reaccionar a tiempo. ¿Cómo no verlo venir si fueron ellos los que inventaron la cámara digital? De hecho, el crédito otorgado por Citigroup le daba el margen necesario para encontrar comprador a las 1.100 patentes digitales que poseía, clave del valor que le quedaba, y poder seguir pagando a sus trabajadores mientras rediseñaba su negocio. ¡Kodak estuvo a punto de morir cegada por su propia certidumbre!

La actual y rápida evolución del mundo que nos está tocando vivir nos obliga a estar en un proceso personal de reinvención. No podemos hacer como Kodak que vivió durante más de 100 años de los réditos del cambio de paradigma que realizó su fundador. Debemos estar en un continuo planteamiento y replanteamiento de cualquier paradigma que creamos establecido. Si no, otro lo hará por nosotros y nos pasará por encima. Debemos estar y enseñar a estar atentos, generando un entorno de mentalidades abiertas que piensen siempre en ir un poco más allá de lo obvio, rompiendo constantemente paradigmas para crear otros (temporalmente) nuevos.

Un Cuento de Navidad



Cuando al fin don Horacio les deseo a todos felices fiestas, Tinín tenía todos sus libros recogidos en su cartera a falta tan sólo de meter el bolígrafo y el cuaderno en el que había estado apuntando los deberes que su maestro les había puesto para esas vacaciones de Navidad. Los grandes ojos castaños de Tinín se expresaban por sí solos. Las deseadas fiestas navideñas por fin habían llegado. Además aquella noche pasada, la del jueves 20 de diciembre, la madre naturaleza quiso hacerle uno de los regalos que más podía agradecer. Le regaló una estupenda nevada que cubría toda la gran ciudad en la que vivía. Tinín salió entre empujones, prisas y apretones entre sus demás compañeros de clase con dirección al patio del colegio. Allí dejaron sus carteras y mochilas en un gran montón común. Unos se fueron a una pequeña pista de patinaje que habían construido a la sombra de una pared. Otros, entre los que estaba Tinín, habían ido en busca de los últimos residuos de nieve que quedaban en algún resquicio del patio de juegos. Ésta desapareció pronto, por lo que todos decidieron salir fuera a buscar la que todavía se encontraba en un pequeño parque cercano. Volvieron a dejar las carteras con sus libros en un único montón y sin que nadie decidiera cómo, se formaron dos bandos que al instante se enfrascaron en una colosal batalla de bolas de nieve. Locas carreras, persecuciones, algún que otro lloro... El sol que con la timidez propia del invierno radiaba su escasa fuerza, les observaba mientras intentaba alumbrar poco, con muy poquita intensidad para no derretir la nieve que tanto ansiaban los chavales. Pronto, en el grupo de Tinín, surgió un líder que les comenzó a organizar. Objetivo: tomar el campamento enemigo por la retaguardia y atacarles por allí sin que ninguna barrera se lo impidiera. A Tinín le tocó ir por la parte más lejana, rodeando una fuente de tres caños que en invierno permanecía apagada y que estaba en lo alto de una pequeña ladera en mitad de una pradera totalmente blanca. Así que a la orden de su esporádico general, todos partieron en la dirección encomendada. Tinín se aprovisionó de todas las bolas de nieve que pudo sujetar entre su antebrazo izquierdo y su cuerpo, y se encaminó agachado y notando el aliento que respiraba en dirección a la fuente. Su primera escala sería ésta, allí otearía la situación y cuando lo creyese oportuno se lanzaría directo a por el campamento enemigo. ¡La operación se le antojaba perfecta! Cuando llegó detrás de la gran fuente de piedra de tres caños, se encontró con quien en un principio pensó que era uno del bando contrario. Tinín tomó una de las bolas de nieve que sujetaba contra su cuerpo y la tiró contra la persona que allí estaba no dándole por muy poco.

     - ¡Eh!,- protestó quien allí se encontraba sentado con la espalda apoyada sobre la pared de piedra de la fuente. - ¿Qué haces, te has vuelto loco?

         Tinín enseguida se dio cuenta de su error. Por un pelo no había herido a personal civil. Qué gran error para un soldado profesional como él.

     - Perdona, - acertó a balbucear.- Creí que eras uno de los otros, de los...

         En aquel momento Tinín quedó mudo. La niña que allí estaba sentada le miró. Era la mirada más limpia que nunca había visto. Sus ojos muy claros, mechones de pelo rubio le salían por el gorro que cubría su cabeza... su cara era absolutamente angelical.

     - ¿Qué te pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato, o qué?,- continuó la niña.
     - No, no... es que... es que no esperaba encontrar a nadie aquí y me has asustado.
     -    Vaya, pues lo siento,- dijo la niña sonriendo.
     -     ¿Qué haces aquí sentada?
     -     Espero.
     -     ¿Y a qué esperas?,- preguntó Tinín frunciendo el rostro.
     -     A que se nuble y comience el viento.

Tinín miró el despejado cielo y comprobó lo pausado del aire. Después miró a la niña y se despidió de ella mientras se alejaba corriendo colina abajo en dirección al campamento enemigo.

La operación planeada por su ejército había sido un auténtico éxito. En no más de un par de minutos, el rival se había rendido sin condiciones. Era el momento de dirigirse a casa. Sus padres le estarían ya esperando para comer. Además esa tarde iba a colocar el Belén con su padre. Así que cuanto antes llegase antes comenzaría a colocarlo. Mientras se dirigía a por su cartera con los libros, un fuerte viento comenzó a soplar y unas amenazantes nubes taparon súbitamente el sol. Entonces miró hacia la fuente en la que se había encontrado con la niña y vio como ésta salía corriendo ladera abajo, pasaba junto a él, cruzaba una calle y se ofrecía a ayudar a cruzar un paso de cebra a una señora mayor cargada con unas bolsas. En aquel momento, a menos de un metro de donde la niña se encontraba con la anciana, una teja caía sobre la acera partiéndose en mil pedazos. Tinín había observado toda la escena y se fue para casa pensando en la suerte que había tenido su nueva conocida.

Aquella tarde, después de comer, empezó a poner el Belén. Nochebuena estaba al llegar y toda la casa debía estar convenientemente adornada para entonces. Se dirigió al trastero donde año tras año se almacenaban las figuras del Belén sobrevivientes a la Navidad anterior y las bolas con las que adornaban el árbol. Rebuscó un poco entre grandes cajas en las que se podría encontrar absolutamente de casi todo y, detrás de un viejo abrigo de su madre que “tiraría pero es que está nuevo”, encontró su objetivo: una caja rotulada con un rotulador rosa que apenas marcó en su momento y en la que se leía “figuritas” y otra en la que se leía “árbol”. Las tomó con suma delicadeza entre sus manos de niño y las llevó hasta la entrada, donde su padre ya había transformado con un tablero y unas patas, lo que normalmente era una mesita donde poner unas fotos, en lo que sería la base para su escenificación del nacimiento del Niño Dios. Tinín abrió la caja de las figuritas con la misma cara de emoción de quien no sabe qué va a encontrar dentro. Allí estaban todas, aguardándole un año más. La mula y el buey, San José, la Virgen y el Niño, pastores, un ángel, pueblerinos, los Reyes, el castillo de Herodes... Las repasó mentalmente, realizando un concienzudo examen visual de las mismas.

- Están todas, - concluyó a su padre que aparecía con una bolsa con musgo natural.
- Muy bien, - asintió su padre con una gran sonrisa mientras se sentaba en el suelo junto a él. De ahí en adelante el papel de su padre sería ese, estar sentado mientras su hijo le pedía una figura tras otra. Pero a Tinín le gustaba que su padre le ayudase, o lo que fuera que hacía allí observándole.

     En tres horas el Nacimiento estaba preparado. La sonrisa de Tinín era inmensa. Mañana irían con el coche de su padre a por el árbol que un amigo de la familia, “tío Cani”, les regalaba todas las Navidades y que conseguía de una parcela que tenía en un pueblecito cercano. La madre de Tinín había preparado algo de merendar y, mientras tanto padre como hijo se reponían del esfuerzo de construir todo un pueblo aunque fuera en miniatura, sonó el teléfono. Era Pablo, el mejor amigo de Tinín, que vivía muy cerca de él y que le explicaba que había quedado con otros amigos abajo, cerca, donde habían jugado aquella mañana a la salida de clase para otra batalla de bolas de nieve. A la madre de Tinín no le gustaba que saliera de noche, pero ya que era con amigos y estaría localizado en el cercano parque le dejó ir. “Eso sí, a las nueve en casa.”

     Cuando bajó, Pablo ya le estaba esperando en el portal.

- Tío, mañana tienes que subir a ver el Belén. Se ha quedado chuli, chuli. Además mi padre ha comprado un par de figuritas para reponer unas que se habían roto el año pasado y son chulísimas. Mañana iremos a por el árbol al pueblo, como siempre. ¿Por qué no vienes? Así podrías conocer al tío Cani, que nos da turrón y mi padre me deja probar el champán que saca porque dice que el champán de tío Cani es sin alcohol, y luego jugaremos un rato con Fita, la perra de tío Cani y podremos hacer una guerra de nieve y tirarle bolas a la perra... ¡tío, qué se las come! Ya verás, es una pasada...

     La alegría hacía hablar a Tinín más deprisa de lo que su lengua podía articularse, mientras su amigo Pablo conseguía intercalar algún monosílabo entre el atorado monólogo que su amigo le contaba dirigiéndose a paso apresurado al parquecito. Cuando llegaron ya estaba casi todo el resto de la pandilla y los equipos hechos, así que a Pablo le tocó en un bando y a Tinín en otro. La bajada de la temperatura con la caída de la noche había conseguido que hubiera todavía grandes cantidades de nieve impoluta y muy limpia. Los dos grupos enseguida construyeron sus cuarteles generales detrás de unos bancos. Los del equipo de Pablo cogieron unos cartones con los que se atrincheraron mucho más. Ante lo visto, el mismo improvisado general de la mañana que estaba en el bando de Tinín, planeó un nuevo modelo envolvente de ataque que presto enseño a sus soldados. A Tinín al igual que aquella mañana, le tocaría dar el rodeo más largo, de modo que cuando el grueso de las tropas atacase frontalmente, él lo haría totalmente por la retaguardia, encontrando totalmente desprevenido al enemigo. A la voz del general, cada uno se fue en la dirección asignada. Tinín se fue en dirección a una zona de árboles por la que podría pasar oculto hacía el campamento enemigo. Cuando se dirigía hacia ellos, le llamó la atención un gran muñeco de nieve que había muy cerca de una farola. Junto a él pudo ver la silueta de un niño. Se acercó hacia él.

- Hola Tinín,- dijo el niño mientras se volvía.

     El niño resultó ser la niña con que Tinín se había encontrado aquella mañana en la fuente que había un poco más arriba.

-          ¿Cómo sabes mi nombre?,- preguntó con cara de perplejidad.
-          Me lo dijiste esta mañana, no lo recuerdas.
-          No,- contestó Tinín haciendo memoria.- Además... no te lo dije.
-          ¿Qué haces por aquí?
-          Estoy jugando con mis amigos, ¿y tú?

-          Estaba haciendo este muñeco de nieve.
-          Eso es imposible,- replicó Tinín con aire socarrón.- Es mucho más grande que tú. A ver, ¿cómo has podido poner la cabeza encima del cuerpo, eh?
-          Pues lo he hecho yo – continuó la niña mientras se giraba hacia el muñeco y le ponía un poco de nieve en la barriga.
-          ¿Dónde vives? No te había visto antes por el barrio.
-          Estoy de paso, sólo he venido por unos días.
-          ¿Y tu padre en qué trabaja? El mío está en una oficina y mañana vamos a ir a por el árbol de Navidad para ponerlo.
-          ¡Y a mí qué!, - contestó la niña con cara de indiferencia volviéndose hacia Tinín.
-          Bueno, era por si..., por si querías venir con nosotros,- balbuceó Tinín mirando al suelo sin atreverse a aguantar la bonita mirada de los ojos claros de la pequeña.

Cuando Tinín levantó la mirada, la niña había desaparecido.

     - Mujeres,- masculló entre dientes mientras se dirigía corriendo hacia donde sus amigos se encontraban totalmente enfrascados en una monumental batalla campal de bolas de nieve.




         A la mañana siguiente, sábado, Tinín se levantó a las ocho de la mañana y se encargó de que toda la familia también lo hiciera. Había que ir al pueblo, a casa de tío Cani, el buen amigo de la familia. El día había amanecido radiante y en los tejados aún podía contemplarse la nieve caída. Pablo le dijo que al final no podría ir, así que a las nueve de la mañana, Tinín y sus padres salían por la puerta del portal en dirección del todoterreno de la familia en el que irían al encuentro del árbol de Navidad. Cuando llegaron al coche y a punto de montarse, una voz que le sonó conocida que le llamaba le hizo girarse.

-          ¡Tinín, eh, Tinín!

Al volverse, Tinín pudo comprobar que quien le llamaba era la nueva amiga del día anterior que se acercaba a ellos entre saltitos.

-          ¿Puedo ir con vosotros?,- continuó mientras les regalaba la mejor de sus sonrisas.
-          Claro, claro,- acertó a decir trabadamente Tinín mientras miraba a su padre.
-          ¿Quién es tu amiga, Tinín? No la conocíamos, ¿verdad?
-          Me llamo Amor. He venido hace poco a la ciudad,- intervino la niña de ojos claros y pelo rubio.- Mi padre ha venido a trabajar aquí... pero estaremos poco.
-          Pues todos al coche,- continuó el padre de Tinín dando por hecho que era una amiga del colegio de su hijo.- Bueno, si lo sabe tu padre.
-          Sí, sí que lo sabe. Tinín me invitó ayer a venir y ya se lo he dicho.
-          Que callado te lo tenías,- dijo el padre mientras miraba por el espejo retrovisor a los dos chavales y comprobaba como su hijo se ponía rojo por momentos.
-          ¡Papá...!,- contestó Tinín mientras miraba como se sonreía Amor.

En menos de una hora de camino llegaron a casa de tío Cani. Vivía en un pequeño pueblo de unos doscientos habitantes en mitad del monte. El paisaje era precioso. Estaba todo nevado, con unas gigantescas montañas como fondo grandioso e inmóvil, también cubiertas por el manto blanco que les rodeaba. Fita, la perra, les estaba esperando ladrando y agitando incasable su rabo a uno y otro lado. Tío Cani salió al oír ladrar a su perra.

-          Tan puntuales como todos los años, - dijo riendo mientras se acercaba al coche aparcado en la puerta de su casa.- ¿Dónde está mi pequeñajo?,- continuó mientras buscaba con la mirada a Tinín.
-          ¡Tío Cani...!,- gritó el pequeño de la familia mientras salía del coche y se disponía a abrazarle.
-          Estás hecho todo un hombretón..., ¿y quién es tu amiguita?,- continuó mientras reparaba en Amor.
-          Es una nueva amiga, ¿verdad?,- intervino la madre.- ¿Por qué no vais a jugar un rato por ahí con la nieve y la perra mientras charlamos un rato con el tío Cani.
-          Eso, y así hacéis hambre para la comida que os he preparado... y para tomar después un sorbito de mi champán sin alcohol,- dijo el tío Cani mientras le hacía un guiño cómplice a Tinín y su nueva amiga.
-          Vale,- contestó el chaval mientras miraba a la niña.- Vamos. Aquí detrás podremos hacer un muñeco de nieve. Luego vendrás tú, ¿verdad papá?

Los dos chiquillos se fueron con la perra bajo la atenta mirada de varios vecinos que se habían asomado a la calle del pequeño pueblo ante el inusual griterío que escuchaban. Pronto llegaron a las afueras del pueblo donde Tinín tenía pensado hacer un gran muñeco. Era una pradera de nieve virgen que les llegaba hasta encima de la rodilla. La perra corría en torno a ellos con gran dificultad debido a la gran cantidad de nieve. Tinín se acercó a un solitario roble totalmente desnudo de hojas y cortó una rama. Después se acercó a Amor y se la dio.

     - Ya verás, tírasela lejos a la perra y verás cómo te la trae.

         Ésta obedeció y la tiró con todas sus fuerzas. La perra que estaba junto a ella, salió corriendo a toda velocidad en busca de la rama bajo la atenta mirada de la niña que sonreía viendo los denodados esfuerzos del animal por desplazarse a través de la nieve. Cuando se hizo con ella, volvió con la rama entre los dientes donde estaban los chicos. Esta vez fue Tinín quien la lanzó y sin dar tiempo a que la perra saliera corriendo salió tras la rama animando a su amiga a que hiciera lo mismo. Lógicamente fue la perra la que llegó antes y la que volvió hacia los chavales que corrían en dirección hacia ella. Tinín volvió a cogerle la rama y la lanzó con todas sus fuerzas. La perra salió con la lengua fuera a toda velocidad en busca del juguete. Cuando estaba a un par de metros de ella, dio media vuelta y se volvió sin ella. Tinín, que había salido corriendo a la vez que el animal, le increpó por no recogerla.

-          Fita, ¿ya te has cansado? Mírame a mí,- continuó mientras seguía corriendo en dirección a la rama.
-          ¡Quieto!

La voz fuerte y clara de Amor que Tinín escuchó como si estuviera junto a ella, le hizo detenerse al momento. Se giró y comprobó que la niña estaba a más de treinta metros de él y le hacía un pausado gesto para que volviera hacia donde ella estaba. Una vez allí, dando un rodeo, se situaron encima de una gran piedra desde la que podía divisarse toda la gran pradera cubierta de nieve, el roble y la rama medio escondida en la nieve. Al momento la zona donde estaba la rama se hundió ante la asombrada mirada de Tinín. Era una zona en obras que la gran nevada había cubierto por completo. La rama había caído encima de unos tablones que servían de paso por encima de una zanja de unos cinco metros de profundidad. El chaval miró fijamente los enigmáticos ojos de Amor sin salir de su asombro, asombro que a la vez era miedo, era alegría... era una mezcla de sentimientos que su joven cuerpo no había sentido nunca.


Hoy, treinta años después, cada vez que llega la Navidad y Tinín ayuda a colocar el mismo Belén de su infancia a sus dos hijos, recuerda muy especialmente aquella mañana y a la amiguita que no volvió a ver nunca más después de aquel día. Y cómo no. Recuerda su llegada a casa aquella tarde después de pasar la jornada en el pueblo del tío Cani. Y recuerda cómo el ángel que estaba colocado junto al portal de Belén estaba caído. Y recuerda cómo al recogerlo para ponerlo en su posición, reparó en su cara. Y recuerda cómo aquel ángel que ahora estaba en manos de uno de sus hijos, tenía la misma mirada de ojos claros, el mismo pelo rubio y la misma cara que Amor. Y recuerda, siempre con un escalofrío, como aquel ángel caído que tenía entre sus dedos le miró a los ojos, le sonrió y le hizo un guiño cómplice.

Plan de Medios Sociales para una Comunidad Educativa


Podemos decir de partida que el centro del estudio no se encuentra en las redes, ya que aunque posee una página Web, Twitter y Facebook, no son usados de forma conveniente ni regularmente.

En concreto la página web está creada bajo un entorno “no amigable” lo que aleja a los usuarios de profundizar en posibles contenidos relevantes que pueda tener. Además no dispone de ningún servicio en línea como puede ser la consulta de notas, la comunicación con profesores, o la disponibilidad de realizar algún tipo de administración on-line.

Por descontado que no existe un plan de comunicación ni se mide lo poco que se hace y que la comunidad educativa no conoce lo que se realiza en estos términos. Ni lo conoce, ni muestran su interés por los mismos.

Todo esto, unido a que la gestión de las redes está llevada en sus ratos libres por un profesor voluntario, me hace afirmar que este centro no tiene ningún tipo de identidad digital y que su reputación on-line no llega a mala, ya que es directamente inexistente.

Una pena.

Es claro que se necesita invertir la situación, ya que todas las tendencias encaminan a la necesidad de realizar una correcta gestión de las redes sociales asociadas a cualquiera que sea la actividad, y en este caso, una tan importante como es la educación.

El siguiente Plan de Comunicación pretende sentar una primera base para el desarrollo del centro en y desde las redes sociales, necesitando para ello de forma necesaria y a tiempo completo de un Community Manager.

Plan de Comunicación
Objetivos
-          Reforzar y afianzar la imagen del centro hacia el exterior.
-  Crear una plataforma de comunicación entre todos los integrantes dela comunidad educativa (estudiantes, profesores, personal no docente, padres e instituciones educativas).
-          Dar transparencia a las actividades realizadas.

Público
-          Alumnos.
-          Profesores y equipo directivo.
-          Personal no docente del centro.
-          Padres.
-          Comunidades educativas.
-          Cualquier miembro de la sociedad interesado en el Centro y sus actividades.

Canales
-          Relanzamiento de la Página Web del Centro
-          Creación de un Blog
-          Alimentación de Twitter y Facebook con constantes contenidos de interés.
-          Creación de Instagram para mostrar las actividades con imágenes.
-          Creación de un canal de YouTube.

Estilo de Comunicación
-          Directo en Twitter y Facebook.
-          Narrativo en el Blog.
-          Claro y expositivo en la Web.
-          Imaginativo en YouTube e Instagram.

Actividades a realizar
-          Creación de una nueva Web desde la que se linke el resto servicios.
-     Charlas desde Dirección a todo el personal docente para conseguir que se involucren y aporten contenidos relevantes.
-     Creación de cuentas Twitter, Facebook e Instagram a los docentes que quieran participar en la iniciativa para que puedan aportar de un modo linkado al Centro.
-         Definición mediante SymbalooEdu de una plataforma de Información y Escucha, Curación, Creación y Difusión de Contenidos relevantes.

Recursos
-          Un Community Manager a tiempo completo.



Y con este plan y una caña…

El Community Manager en los centros educativos, ¿realidad o ficción?

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Dentro del contexto globalizado creado alrededor de Internet, parece una obviedad pensar, por varias razones, que la figura del Community Manager es una necesidad en cualquier Centro Educativo. Es una tendencia agigantada en la sociedad de la ¿información? en la que vivimos el empleo de las redes sociales para la comunicación: información sobre eventos del centro, salidas o excursiones de los chavales, visualización de notas mediante la web del centro, envío de recibos por e-mail, contacto con profesores por mail… Entonces, si la tendencia es llegar al 100% del uso de herramientas TIC para la comunicación de todas las partes intervinientes en el proceso enseñanza aprendizaje, ¿por qué la existencia de un Community Manager con dedicación plena es prácticamente inexistente en ningún Centro?

Muy lejos de eso, lo normal es que al “loco” de las redes sociales (que no tiene por qué coincidir con el profesor de TIC, dicho sea de paso), se le encasquete el rol de Community Manager, se le libere alguna hora y, ¡hala! a chapuzear con más voluntad que tiempo y recursos para dejar en una posición semidigna a su centro educativo.

Esto me lleva a otra reflexión. ¿El Community Manager profesional (ese que creo que estamos años luz de su existencia) debe ser un profesor? ¿Quizá un periodista? ¿Quizá un chaval espabilado que haya nacido mamando las redes sociales? ¿Una persona con años de experiencia para saber qué y qué no poner de cara al exterior? Difícil cuestión. Yo me inclinaría por alguien apasionado de las redes sociales, que las sepa entender y manejar, que conozca al centro y su idiosincrasia y, obviamente, con esas cualidades que ya conocemos todos que debe tener un buen CM. ¿Un docente del centro, un padre, un ex-alumno, uno de los cocineros…? Los candidatos pueden ser muchos y variados…

Lo que está claro es que sea quién sea el que ocupe el puesto, debe ser un líder, alguien que consiga involucrar sin esfuerzo a toda la comunidad en la generación de contenidos, alguien que consiga alimentar debates constructivos en entornos virtuales, alguien que sepa defender al centro de elementos subversivos externos…o internos, alguien con iniciativas…

Aprovecho y os dejo una pequeña programación que estaría magnífico poder conseguir…

¿Veremos el CM a tiempo completo? Ojalá, amigo Sancho, ojalá.

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Reflexiones sobre la evolución de las TICs para la comunicación del Centro Educativo con el exterior


La evolución de las páginas web en general y en particular en los centros educativos, ha sufrido un incremento cualitativo exponencial. Poco a poco se ha ido entendiendo el potencial que las herramientas disponibles vía página Web tenían, sobre todo si estas eran usadas por personas involucradas con el centro, buenas comunicadoras y amantes de las nuevas tecnologías. (Véase "Características de un CM" , sobre las cualidades que debe tener un buen Community Manager).

Un centro capaz de saber transmitir la información pertinente en tiempo real, es un centro capaz de comunicarse con su entorno de forma eficiente, dando a sus usuarios un plus de valor añadido.
El 90% de los centros educativos españoles cuentan con una web propia, si bien solo el 70% cuenta con un blog. De este 70% únicamente el 26% lo tiene integrado en la web del Centro. Reflexionemos con estos datos en la mano.

No poseer un blog corporativo supone perder una importantísima arma para poder compartir reflexiones y lanzar los mensajes necesarios para poder hacer avanzar la educación en la línea que queremos que avance en cada caso. Además el hecho de no tenerla integrada en la web, supone un trastorno para el usuario, ya que le presenta el inconveniente de no tener a un solo click la información que desea. O la que no desea, pero que el centro sí que desea que le llegue; lo que es peor.

Otro aspecto preocupante y a mejorar es que aproximadamente el 50% solo publican con una frecuencia igual o superior a las dos semanas. ¿En serio no ocurre nada reseñable en el centro más que cada quince o más días? Además el 25% de las publicaciones no incorporan ningún elemento visual, lo que hace que sean poco atractivas para el usuario y, por consiguiente, éste pierda la motivación por seguir dichas publicaciones.

Resumiendo, si bien se ha mejorado mucho en los últimos años la comunicación de los centros educativos con su ámbito de influencia vía elementos web, aún queda un buen trecho por andar y mejorar. Esperemos que poco a poco con la implantación de la figura del Community Manager, vayamos progresando en la línea correcta.

Aprovecho para dejar en Pinterest lo que creo que nunca debe olvidar un buen Community Manager
Lo que NUNCA debe olvidar un perfecto CM





Aprendiendo a aprender

“Estamos preparando a nuestros estudiantes para trabajos que aún no existen, en los que tendrán que usar tecnologías que no han sido inventadas, para resolver problemas en los que no hemos pensado todavía.” Richard Riley, exsecretario de Educación de EE.UU.


La inteligencia humana es una facultad individual y personal, pero se desarrolla siempre en un entorno social e histórico que determina sus posibilidades. Cuando los hombres de las cavernas no tenían para comer, les era más fácil ser conscientes de que en el entorno hostil y de supervivencia en que se movían, debían idear algún tipo de inteligencia colectiva que les posibilitara cazar más eficientemente y asegurar que sus períodos de hambruna fueran menores. Debieron aprender a diseñar estrategias con una visión global, de conjunto y de anticipación, que les permitieran, primero, llenar el estómago, y posteriormente con sus necesidades primarias saciadas, evolucionar hasta la sociedad de conocimiento en la que nos movemos hoy en día.

Unos cuantos millones de años después de que unos cavernícolas aprendieran a rodear animales para así cazarlos más fácilmente, mientras se construía una catedral, un paseante curioso se acercó al lugar donde trabajaban los canteros. Cuando llegó al primero de ellos le preguntó: “¿Y usted, qué está haciendo?”. El cantero, que no debía de estar en su mejor día, le contestó: “Aquí, sudando la maldita piedra, con este calor y con este c… de capataz encima de mí todo el día.” Repitió la pregunta al segundo cantero, el cual contestó: “Lo que me han mandado, que talle esta piedra con las medidas que me han dado.” Se acercó a un tercer cantero, un joven aprendiz de unos doce años, con la misma pregunta; “¿y usted qué está haciendo?”. “¡Estoy construyendo una catedral!”, contestó incorporándose con una sudorosa y orgullosa sonrisa en su rostro. Aunque los tres estaban realizando el mismo trabajo, pequeño sin duda ante la inmensidad del proyecto, sólo el último no había olvidado y tenía muy presente la grandeza del proyecto en el que estaba trabajando. El último, aun seguramente sin ser consciente de ello, era poseedor de la inteligencia colectiva necesaria para hacer avanzar a la humanidad. El último era Pierre de Montreuil (arquitecto y Doctor en Piedras como reza su epitafio),  entonces aprendiz, y que llegó a dirigir las obras de la catedral de Notre-Dame para la que comenzó tallando “insignificantes” piedras.

Creo que podemos considerarnos muy afortunados de la época que nos ha tocado vivir y de la parte del mundo que nos ha tocado habitar. Pero esto, más allá de dejarnos indiferentes y acomodados, nos debe mover a estar en un continuo planteamiento de los estándares establecidos. Por lo que a mí respecta, me siento en la obligación moral de estar en un constante proceso de aprendizaje, de estar continuamente intentando despertar tanto en mí como en mi entorno la inquietud por aprender. En una sociedad como la actual donde crees haber inventado algo y al teclearlo en internet compruebas que ya se te ha adelantado alguien, aprender significa tener las bases para innovar. E innovar está al alcance de todos, en los procesos más sencillos o en los más diferenciadores, aquellos que marcan el devenir de la historia de la humanidad. Innovar es ver lo que existe, cuestionárselo, darle un enfoque distinto y, finalmente, conseguir una nueva práctica más rentable que la existente hasta el momento. No siempre sale a la primera y a veces simplemente no sale. Tenemos que tener claro que unos estudios, una experiencia o una edad, no son sinónimos de saberlo todo, de “estar de vuelta de todo”, si bien, obviamente, el conocimiento adquirido debe ayudar a tener perspectivas más amplias de entendimiento.

Por delante tenemos la apasionante tarea de colaborar de forma activa en la mejora y transformación de una sociedad mundial que demanda, cada vez más, que las sociedades posean una auténtica cultura de la innovación. Cultura de la innovación que repercuta directamente en una mejora de las propias sociedades, de las más avanzadas, de las emergentes y de las que aún están lejos del desarrollo de las primeras. Además, en este mundo acelerado que nos está tocando vivir, esta cultura de la innovación, mezclada con el trabajo tenaz, humilde, diario, constante y constantemente enfocado al desarrollo socialmente responsable, es el único modelo válido de asegurar la pervivencia del mundo que nos ha tocado habitar. Al menos que yo conozca.


Debemos aprender a aprender, siendo controladamente inquietos; porque esa es la base del progreso.